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Las emociones de los órganos internos

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Un blog, como ya sabéis, se construyen gracias a quienes estáis ahí leyendo, opinando y aportando todo lo que os interese. Este post se debe a la sugerencia de Yolanda (gracias por tu interés y por tu paciencia, esperando la respuesta). Os animo a que también consultéis o planteéis temas de los que queráis tener más información. 

Según la Medicina Tradicional China, los principales órganos internos se relacionan con emociones positivas y su contrapartida negativa, de la siguiente manera:

ÓRGANOS EMOCIÓN POSITIVA EMOCIÓN NEGATIVA
Pulmones/Intestino Grueso

 

Valentía, coraje, fuerza           Tristeza, depresión, melancolía
Riñones/Vejiga

 

Sabiduría, dulzura, ternura, suavidad Miedo, temor, desconfianza
Hígado/Vesícula Biliar Generosidad, amabilidad, bondad

 

Rabia, ira, frustración
Corazón/Intestino Delgado

 

Amor, alegría, gratitud            Impaciencia, crueldad
Bazo/Estómago, páncreas

 

Confianza, posibilidades, empatía Preocupación, ansiedad

 

En cuanto a los órganos femeninos, también guardamos en ellos emociones, historias, sentimientos, traumas…

–           Útero. Está relacionado con el sentido de identidad más íntimo de la mujer y con su mundo interior. También es el hogar. Simboliza los sueños y los yoes que le gustaría dar a luz. Su salud refleja la realidad emocional interior y la fe en una misma en el grado más profundo y peligra si la mujer no cree en sí misma o es excesivamente autocrítica.

–           Ovarios. Su salud está directamente vinculada a la calidad de las relaciones de la mujer con las personas y cosas que la rodean. Está en peligro cuando la mujer se siente controlada y criticada por otras personas o cuando ella lo hace con los demás.

–           Vulva, vagina. “Violación” y sentimientos subsecuentes: rabia, ira, desconcierto, culpa.

–           Pechos. Símbolo del sustento, del dar y recibir. Sustentar y cuidar a otros a expensas de una misma puede establecer la pauta para la mala salud.

Estas serían, brevemente, las emociones de nuestros órganos. Si todo eso no está trabajado, o por lo menos, conocido y entendido, la respiración ovárica puede sacar los problemas a la luz y trastocarnos hasta asimilarlos. Por eso sería importante tratar de eliminar esos puntos negativos, para que la energía fluya con suavidad.

Los órganos pelvianos internos (ovarios, trompas y útero) están relacionados con el segundo chakra. Su salud depende de que la mujer se sienta capaz, competente o poderosa para crearse abundancia y estabilidad económica y emocional y para expresar plenamente su creatividad. También le afectan el sentirse bien con una misma y con las relaciones que mantiene con las personas de su vida. La enfermedad surgirá cuando la mujer está frustrada por no poder efectuar los cambios que necesita. Otro problema que afecta a estos órganos es la competición entre diversas necesidades (por ejemplo, la de apoyo emocional y compañía frente a la de éxito, autonomía y aprobación).

Los ovarios tienen una energía y una actividad especiales. Cuando la mujer no hace caso de su sabiduría creativa interior debido a miedos o inseguridades, pueden surgir problemas en ellos. La mujer se siente dominada o criticada. Las amenazas económicas o físicas, sobre todo si cree no tener posibilidad de enfrentarlas, si piensa que no tiene forma de escapar de su situación y que el mundo exterior le impide cambiar, afectan a los ovarios. Los problemas uterinos y ováricos suelen estar íntimamente relacionados, pero presentan diferencias entre ellos. La energía que afecta al útero es la percepción de la mujer que la hace creer que no puede, no debe o no se merece liberarse de una situación limitadora o crear soluciones. Surgen problemas cuando las inseguridades personales y emocionales le impiden expresar plenamente su creatividad. Cree que carece de los recursos interiores necesarios. Los problemas ováricos, en cambio, son consecuencia de que la mujer cree que las personas y circunstancias exteriores a ella le impiden ser creativa. Aún hay otra energía que afecta sólo a los ovarios: el rencor y la venganza.

Los trastornos de la vulva, la vagina y el cuello del útero se relacionan principalmente con los sentimientos de violación en la relación con otra persona o con el trabajo, una violación de los límites, una percepción de invasión en la propia vida emocional, y por supuesto, traumas sexuales. La mujer puede sentirse utilizada, sexualmente o en el trabajo o relaciones personales, sin su cooperación y sin su consentimiento consciente. O tal vez, se sienta obligada a hacer algo en contra de su voluntad o a actuar respecto a su sexualidad de una manera que ponga en conflicto sus emociones. Los sentimientos de frustración y rabia provocan que el cuerpo trate de liberarlos por medio de afecciones como las urinarias o problemas vulvares crónicos (dolor, picor, vaginitis). Otra emoción que afecta a nuestra salud es la culpabilidad. Cuando ésta se centra en la sexualidad, pueden surgir problemas en cualquier punto de esta zona de entrada. Por lo general, los problemas de estos órganos van asociados a quejas no expresadas acerca de una situación que se han ido acumulando durante años.

Los pechos son la metáfora física de dar y recibir. Simbolizaban la abundancia y el sustento de la naturaleza. Pero nuestra cultura ha deformado la metáfora del sustento con el fin de que las mujeres se entreguen a los demás sin sustentarse ellas mismas. La principal emoción que se esconde en los problemas del pecho es el dolor, la aflicción y los asuntos emocionales no resueltos, generalmente relacionados con esos puntos de sustento y cuidado. Necesitamos ser independientes y sustentarnos y nutrirnos a nosotras mismas. A veces, el dolor o los problemas en los pechos van a persistir hasta que no se trate una herida más profunda, emocional, traumática, en ocasiones, escondida entre los recuerdos desagradables.

Todos los problemas existentes en estos órganos (como en cualquier otra parte del cuerpo) deben ser, ante todo, revisados y tratados por un profesional de la salud. Pero, además, nosotras podemos hacer algo por nuestra salud, incluso a modo preventivo.

Hay muchas maneras de trabajar. Por medio de meditaciones y visualizaciones guiadas podemos entrar en nuestro útero, observar sus heridas y conectar con ellas, acariciarlas, tratar de consolarlas y repararlas. Las bendiciones y sanaciones de útero son muy efectivas a nivel energético para remover y limpiar. Terapias del tipo de la biodescodificación o las constelaciones familiares (si confías en ellas). Conocer la historia familiar puede dar una perspectiva diferente de lo que nos sucede, aunque siempre es responsabilidad nuestra lo que decidimos cargar. Revisar nuestras creencias acerca de nosotras mismas y cómo nos relacionamos con el mundo es un esfuerzo y a veces verse ante un espejo que te devuelve una imagen dura es difícil y doloroso. Pero si te atreves y eres honesta contigo misma, tendrás una visión más acertada de lo que está sucediendo y te resultará más asequible encontrar un remedio útil. Desde el Tao, se recomiendan respiraciones específicas, meditación de la sonrisa interior, ejercicios físicos basados en el Chi Kung o el Tai Chi. También el uso de huevos de cuarzo o de obsidiana nos hacen sacar a la luz muchas de las historias ocultas en nuestro útero. Poco a poco iremos hablando de estas técnicas. Por cierto ¿te resuena algo de lo que has leído?

Para más información, podéis consultar el magnífico libro Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer, de la doctora Christiane Northrup en la editorial Urano.

Creando desde el útero

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En nuestros útero y ovarios guardamos muchas historias, heridas, emociones reprimidas, tantas que ya ni nos acordamos de que están ahí. Si les damos expresión, su conocimiento nos liberará, como mínimo, nos hará entender qué tenemos dentro que aún nos hace daño. Con este ejercicio, vamos a dar salida a aquello que nuestro útero necesite decirnos.

También podemos usar este ejercicio para algo más ameno. Cuando nuestras ideas se bloquean, o simplemente cuando queremos conectar con nuestra fuerza creadora para recibir inspiraciones, seguridad ante una decisión, o dejar que nuestro Yo Interior más femenino y salvaje se exprese, esta meditación nos resulta útil igualmente.

El trabajo propuesto consiste en realizar esta meditación (o cualquier otra que conozcas o puedas encontrar por Internet, siempre que te haga entrar en tu útero) y después, tomar lápiz y papel, pinturas, plastilina, arcilla, agujas y lana… cualquier herramienta de creación con la que te sientas a gusto o que te apetezca en ese momento, y ponerte manos a la obra. No pienses, deja que tus manos se muevan solas, guiadas por tu energía interna. Todo lo que salga será bienvenido. Puedes crear una maravillosa obra de arte. No te preocupes si no sabes dibujar o moldear, lo importante es permitir la expresión de tu esencia. Tal vez tu útero te muestre alguna historia que necesites trabajar, perdonarte o liberar.

Dale voz a tu útero. Deja que te cuente su historia.

Esta es la meditación:

Pon las manos en tu barriga, cierra los ojos y relaja el cuerpo, en cada espiración siente cómo se liberan todas las tensiones, siente cómo se las lleva la tierra.

Deja que tu mente recorra todo el cuerpo, siente tus pies, tus piernas y el peso de tu cuerpo, el contacto de tu piel con la ropa y tu temperatura, tus brazos, las piernas y las manos y el ritmo de tu respiración. Por último toma conciencia de la totalidad de tu cuerpo, sin forzar nada pon atención en el contacto de las palmas de las manos en esa zona del bajo vientre. Siente el calor que emana de tu vientre y disfrútalo, no hagas nada más por un buen rato, sé consciente de todos tus sentimientos y si existen rigideces o tensiones deja que cada respiración te lleve a un estado de más tranquilidad y apertura.

Siente el latido que proviene de tu barriga, es el latido del útero, deja que sea él quien te conecte en todo momento con esta zona, deja que el latido y el calor de tu cuerpo te invadan y recorran el camino del útero al corazón y del corazón a todo tu cuerpo, volviendo la energía al útero de nuevo.
Ahora concéntrate un poco más atentamente en el útero, las trompas de Falopio se encuentran a cada uno de sus lados, y los ovarios en sus extremos. Céntrate en uno de tus ovarios y luego en el otro. Ahora visualiza como el útero aumenta de tamaño hasta abarcar todo tu cuerpo. Siente como las trompas de Falopio se extienden desde tus hombros y visualiza tus brazos, que se abren como ramas y están cargados de huevos cual si fuesen frutos en tus manos. Deja que la energía creativa de tu útero emerja desde tu interior, circule por tus brazos y llegue hasta tus dedos hasta hacerlos hormiguear, asimila completamente la imagen de tu útero, poco a poco baja los brazos y deja que el útero vuelva a su tamaño normal. Reconoce mentalmente su presencia y luego toma conciencia el resto del cuerpo. Abre los ojos y respira profundamente.

Después de este ejercicio puede que quieras hacer algo creativo, bailar, pintar, pasear… no tiene por qué ser algo especial pero si sientes que quieres hacer algo con la energía que esta meditación te ha generado, hazlo y si es algo escrito o pintado guárdalo. Termina con un agradecimiento y reconexión contigo misma, con el cosmos y con la tierra.

Aceptar todo lo que ocurre durante la meditación y respirar. Es hermoso.

(Texto tomado del libro Mujer: cree en ti, de Bea Indigo)

¡Que lo disfrutéis!

Relajación del útero

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Antes de empezar a leer esto, presta un poco de atención a tu cuerpo. Posiblemente, sin darte cuenta, tengas el vientre contraído. Desde pequeñas estamos tan pendientes de cuidar nuestra postura que no escuchamos los mensajes del cuerpo. Y casi lo más importante, siempre, ha sido “meter tripa”. Si el vientre está relajado, los órganos internos (intestinos y, por supuesto, nuestro aparato reproductor) encuentran su espacio natural y pueden funcionar correctamente. Pero nos hemos obsesionado tanto con no echar barriga (qué feo, qué gorda estás…) que es un gesto inconsciente. Respira hondo y deja que la tripa se suelte. Seguro que ahora mismo no te ve nadie. Y si así fuera ¿qué más da? Ya has pasado demasiado tiempo intentando encajar en un molde que no es tuyo, que responde a expectativas masculinas y que, por ello mismo, no respeta en absoluto tu cuerpo, tu anatomía, que te hace más daño del que puedas imaginar sólo por un concepto predeterminado de belleza que no tiene nada que ver contigo.

Así que vamos a relajar el vientre, el espacio en el que se encuentra el útero, para que pueda expandirse, acomodarse a su gusto y expandir su energía. Te propongo que, de vez en cuando, testees el estado de tu vientre y cada vez que lo encuentres tenso, trates de relajarlo con una simple respiración. Lo puedes hacer en cualquier lugar, en cualquier momento, sin más. Aparte, estos son unos sencillos ejercicios muy útiles y que tampoco te llevarán mucho tiempo.

1.- RELAJAR LA BARBILLA

En la tradición hindú, el cuerpo sutil está formado por chacras o centros de energía. Entre los siete principales, el segundo y el quinto están unidos. Estos se sitúan, respectivamente, en el bajo abdomen (unos dedos por debajo del ombligo, en las mujeres abarca el útero, ovarios y trompas) y en la garganta. Ambos son centros de creación: vida en el segundo chacra, de creación de nuestros propósitos, necesidades, soluciones… en el caso del quinto.

En el cuerpo físico podemos comprobar este fenómeno de una manera fácil.
– Toma conciencia de la tensión en la barbilla y la mandíbula.
–  Relaja conscientemente estos músculos. Si notas que no es posible, puedes darte un masaje con los dedos mientras aflojas la mandíbula y la barbilla.

– Respira conscientemente mientras observas los cambios operados en tu cuerpo, sobre todo, en la zona del útero.

2.- ESTIRAR LAS LUMBARES

Con las piernas rectas y separadas a la altura de los hombros, apoya tus manos en las ingles y echa el cuerpo hacia delante hasta que quede paralelo al suelo. También puedes echarte en el suelo, de rodillas y con las manos apoyadas a la altura de los hombros. Al inspirar, eleva cabeza y glúteos. Al exhalar,  hunde el abdomen y deja caer la cabeza, irando al ombligo. Haz los movimientos de una manera lenta y suave, sin prisas, coordinada con la respiración. Este ejercicio proporciona flexibilidad a la columna, pero como beneficio añadido descongestiona la zona pélvica, permitiendo a las lumbares relajarse. Repite varias veces.

3.- LLEVAR ENERGÍA AL ÚTERO

De pie, con los ojos cerrados, respira profundamente y relaja el cuerpo. Frota las palmas de las manos entre sí vigorosamente hasta que notes cómo tus manos se llenan de calor. Ahora, une los dedos índices de cada mano y los pulgares, creando un triángulo. Coloca los pulgares en el ombligo y pega las manos al cuerpo. Quédate así, observando tu útero. Respira profunda y relajadamente, sin forzar. Conecta con útero. Para finalizar, haz tres respiraciones profundas y abre los ojos. Esta misma posición la puedes adoptar cuando estés sentada viendo la televisión (por ejemplo). Pierdes esa observación y conexión conscientes, pero tus manos trasmitirán calor a tu útero y él te lo agradecerá, además de ayudarte a contactar cada vez más profundamente con él.

Espero que los disfrutes. Y no te olvides de respirar.  😉