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Cómo explorar tu cérvix

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Cómo explorar tu cérvix, de Gloria Lemay.

Este texto lo he encontrado en el blog de Ibone Olza, psiquiatra y psicoterapeuta, implicada en promover los partos naturales y la lactancia materna y especializada en salud mental perinatal. Me parece muy interesante para todas aquellas que estéis embarazadas. Espero que os resulte útil.

Gloria Lemay, matrona canadiense (de Vancouver) a la que sigo y admiro desde hace años, y de la que he traducido varios textos, me ha autorizado para traducir este escrito suyo (Checking your own cervix) que me parece imprescindible para todas las mujeres, y muy especialmente para las embarazadas.

“Es hora de que las mujeres recuperen la propiedad de sus cuerpos” dice Gloria Lemay.
¡Muchísimas gracias Gloria!

COMO EXPLORAR TU CÉRVIX

¡No es tan difícil!

Creo que es bueno y que además empodera el que cada mujer sepa explorar su cérvix o cuello uterino durante la dilatación. No es ciencia aeronáutica: no necesitas ser médico ni tener años de formación para saber hacerlo. Tu vagina se parece bastante a tu nariz: si otras personas meten sus dedos o instrumentos por ahí te pueden hacer daño, pero si lo haces tú misma como tienes más sensibilidad no te causaras ningún daño. Lávate bien las manos y asegúrate de tener las uñas bien cortadas y redondeadas.
Si estás muy embarazada lo mejor será que lo hagas en el baño, con un pie en el suelo y otro encima de la taza (si esto también te resulta muy difícil pon un pie en la bañera o en un taburete con la rodilla doblada).
Metete dos dedos en la vagina y llévalos hacia atrás, hacia el culo. El cérvix de las embarazadas se nota igual que tus labios cuando los pones juntos para dar un beso. En las mujeres que no están embarazadas se parece más al final de tu nariz. Cuando se está dilatando, te entra un dedo fácilmente por el medio (igual que puedes meterte fácilmente un dedo en la boca si tienes los labios juntos para besar). Conforme avanza la dilatación la parte interior de ese hueco se va pareciendo a una goma elástica dura, y cuando ya estás dilatada de 5 cm (como cinco dedos de ancho) es un circulo perfecto de goma como esas arandelas de goma que tienen los botes para las conservas caseras, e igual de grueso.
Lo que está en el centro de esa apertura son las membranas (la bolsa amniótica) que cubren la cabeza del bebé y se notan como un globo de látex relleno de agua. Si empujas un poco sobre esa bolsa sentirás la cabeza de tu bebé dura como una pelota rígida (como las de béisbol). Si ya has roto bolsa tocarás directamente la cabeza de tu bebé.

Una parturienta que exploró su propio cérvix durante el parto lo describió así: “Podía sentir la bolsa de aguas saliendo y más tarde tocar la cabeza una vez que rompí aguas. ¿Cómo lo hice? Simplemente metí los dedos hasta el fondo y palpé. Es un poco incómodo o difícil de alcanzar pero si estás acostumbrada a palpar tu cérvix habitualmente, como tu nariz por dentro, es más corto y elástico. Lo noté primero con 2 cm, luego con 6 cm que es cuando puede empezar a tocar la bolsa, y luego cuando ya era el momento de que saliera el bebé. Cuando las contracciones se hicieron muy intensas empujé un poco y la bolsa se rompió. Mi bebé salió enseguida”

Traducción: Ibone Olza

https://iboneolza.wordpress.com/

Cántame, mamá

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Tu voz es una herramienta poderosa. No te preocupes si no sabes cantar: el sonido de tu propia voz es la melodía más dulce para tu bebé.
El cerebro humano en fase prenatal es capaz de aprender sonidos, por lo que los bebés expuestos a unos sonidos determinados en la etapa fetal conservan una memoria inconsciente de los mismos justo después de nacer. Posiblemente el primero sea la voz de la madre. El recién nacido es capaz de reconocer su voz y diferenciar el idioma materno frente a otros. A partir de la semana 20 de gestación, el bebé empieza a reconocer la voz de su madre, capta su intención comunicativa y le responde con movimientos. A partir de las 24 semanas ya puede escuchar los sonidos procedentes del exterior.Esto es posible gracias a mecanismos sensoriales y cerebrales que se desarrollan en el útero. El bebé escucha a su madre y recuerda el tono de voz y los sonidos de su idioma. Pero los beneficios no se refieren sólo al aprendizaje. La voz de la madre, como explica la neurociencia, tiene un efecto tranquilizador y calmante sobre su cría. Al escucharla hablar, el cerebro del bebé evoca el recuerdo de las sensaciones placenteras producidas por la hormona de la oxitocina, la del amor y la felicidad, al mismo tiempo que neutraliza el cortisol, la hormona del estrés. El placer que siente la madre al cantarle a su bebé se convierte en un estímulo emocional para el feto que se traduce en un elemento protector para su sistema neurológico e inmunitario en desarrollo.
Los sonidos, especialmente la voz materna, que llega desde dentro, son vibraciones que llegan al bebé mediante las ondas generadas en el líquido amniótico, que lo masajean y estimulan. La piel recibe esta especie de caricias y las transforma en sensaciones, las selecciona y las revive cuando se vuelve a encontrar con el mismo estímulo sonoro.
Recientes investigaciones sobre la salud perinatal recalcan la gran importancia del bienestar materno para el desarrollo saludable del bebé. Por ello, es interesante conocer el poder de la música, el sonido y la voz como herramientas para contrarrestar cualquier malestar, ya que restablece la calma y crea alegría. Al cantar se liberan endorfinas que contagian al bebé, produciendo placer en él. La música relajante limita los efectos negativos provocados por el estrés y procura bienestar físico y emocional. Doctores como Frédérick Leboyer y Michel Odent, prestigiosos obstetras defensores del nacimiento sin violencia, consideran el canto como un pilar fundamental para la preparación al parto y al nacimiento.
Las mujeres del sur de la India emplean una antigua disciplina de vocalización y meditación para acompañar todo el proceso de la maternidad, que se llama Canto Carnático. Este conocimiento fue introducido en Europa por el ya citado Dr. Leboyer en los años 80. Consiste en una serie de vocalizaciones acompañadas de una respiración profunda al compás de la música rítmica y repetitiva de un instrumento de cuerda llamado tambura que se realiza preferiblemente desde el comienzo del embarazo. Al pronunciar los sonidos de las vocales de forma repetida, se toma conciencia de la respiración abdominal. La vocalización en el momento del parto es una gran ayuda para facilitar la dilatación, sostener el trabajo de parto y gestionar la intensidad o el dolor de las contracciones. Por otra parte, el canto ayuda a suavizar o eliminar los posibles bloqueos psico-emocionales, así, el cuerpo se abre más fácilmente.
Aunque este es uno de los empleos más interesantes del Canto Carnático, no es su única aplicación. De hecho, es un camino para la búsqueda interior hacia una toma de conciencia más profunda de nuestro ser. Vocalizar junto con una respiración abdominal profunda y un acompañamiento musical nos introduce en un estado meditativo. Por lo tanto, también lo pueden practicar los hombres.

Durante el embarazo, la voz y el canto ayudan a establecer el vínculo prenatal y a relajarse, lo que reduce la ansiedad. Enseñan a respirar de forma consciente y a tomar conciencia del periné. Durante el parto, propician la distensión de los músculos del periné, el útero y el canal vaginal y fomentar la liberación de endorfinas. En el posparto, facilitan el establecimiento de un apego seguro con el bebé, que reconoce la voz de su madre, y le ayuda a serenarse en los momentos de llanto o malestar y en el momento de dormir.
Así que no te olvides: CANTA

El cerebro durante el embarazo

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El embarazo conlleva los mayores cambios físicos y psicológicos en una mujer. Por no hablar del trabajo, el planteamiento de la vida y la pareja, etc. Pero en este artículo, vamos a centrarnos en los primeros.

Aumentan los pechos, aparecen náuseas y vómitos, un cansancio extremo, sangrado nasal… Pero los cambios más importantes y que no percibimos tienen lugar en otra parte de nuestro cuerpo: el cerebro.

Ese órgano pensante, que contiene tantos misterios y del que siempre se ha dicho que se desgasta con el tiempo, que no se regenera, que con la edad se pierden neuronas y no se pueden recuperar, nos sorprende dejándose modificar por las oleadas de hormonas que invaden el cuerpo femenino a lo largo de los meses de embarazo.

El crecimiento del feto en el vientre, el nacimiento, la lactancia, el contacto diario… Los aspectos físicos generan nuevas pistas neuroquímicas en el cerebro, junto con una modificación química provocada por las neurohormonas procedentes del feto y de la placenta, y el tremendo aumento de la oxitocina, crean y refuerzan sus circuitos. Así se crea un cerebro motivado, atento, protector, que “obliga” a la madre a cambiar sus reacciones y prioridades en la vida. Los cambios en el cerebro de una madre son los más profundos y permanentes dentro de la vida de una mujer.

La transformación comienza desde la concepción. En primer lugar, el cerebro frena las células del hipotálamo responsables de iniciar un ciclo menstrual. Dos semanas después de la fertilización, el óvulo se implanta en el tejido uterino y se conecta con el aporte sanguíneo de la madre. Desde ese instante comienzan los cambios hormonales en el cuerpo y en el cerebro. Al comienzo, los circuitos cerebrales se sedan. La mujer está somnolienta y tiene mayor necesidad que nunca de dormir y descansar. Los centros cerebrales de la sed y el hambre aumentan sus demandas por efecto del alza de hormonas, ya que el cuerpo necesita producir el doble de su volumen normal de sangre. El cerebro cambiará sus reacciones frente a determinadas comidas y olores, como una prevención ante alimentos que podrían dañar al feto.

Entre el segundo y el cuarto mes de embarazo, la progesterona sube de diez a cien veces su nivel normal y el cerebro queda inundado por esta hormona de efectos sedantes. Esto y el aumento de estrógenos protegen contra las hormonas del estrés, las cuales son producidas en grandes cantidades por el feto y la placenta e inundan el cuerpo y el cerebro de la madre, de modo que al final del embarazo los niveles hormonales de estrés son bastante elevados. Sin embargo, no provocan tensiones en la madre. Su función es controlar que la mujer vigile su alimentación, su seguridad y su entorno, dejando de lado otras cuestiones menos vitales para el desarrollo del bebé. De ahí, las distracciones y los olvidos.

Al cuarto mes, el cerebro ya se ha habituado a esos cambios hormonales y desaparecen, en cierta medida, los problemas con la comida y los olores. Tanto el cerebro consciente como el inconsciente están focalizados en lo que sucede en el útero.

Entre los seis meses y el final del embarazo, el cerebro también cambia de tamaño y estructura, encogiéndose. Algunas partes crecen en detrimento de otras que tienen que cederles sitio, pero vuelven a su estado natural aproximadamente seis meses después del parto. En la semana o quincena previas al nacimiento, el cerebro vuelve a crecer en tamaño mientras construye amplias redes de circuitos maternales. Al acercarse la fecha, el cerebro se preocupará casi exclusivamente por el bebé y los circuitos cerebrales maternos se ponen en alerta. Impulsado por señales que proceden del feto, el nivel de progesterona desciende de repente y la oxitocina inunda el cerebro y el cuerpo, haciendo que el útero comience a contraerse. A medida que la cabeza pasa por el canal del parto, se disparan las aportaciones de oxitocina al cerebro, activando nuevos receptores y creando nuevas conexiones entre las neuronas. El resultado, euforia e incremento de los sentidos. En el plazo de unas horas o unos pocos días, la mujer se siente embargada por el afán de protección. La resolución de cuidar y proteger a ese nuevo ser se apodera de los circuitos cerebrales maternos.

Los cambios también se dan en otros aspectos: mejor memoria espacial, más flexibilidad y capacidad de adaptación, mayor valor. Cualidades estas necesarias para custodiar y proteger a los bebés. Estos cambios duran toda la vida.

Todos estos cambios son válidos incluso para las madres adoptivas. Mientras se permanezca en contacto físico continuado con el niño, el cerebro emitirá oxitocina y formará los circuitos necesarios para hacer y mantener el cerebro maternal.

Estudios realizados con escáneres demuestran que, ante la visión de la pareja y del hijo, se iluminan las mismas regiones del cerebro, activadas por la oxitocina. En ambos tipos de amor hay aportes de dopamina y oxitocina que crean el vínculo, desconectando el pensamiento juicioso y las emociones negativas, y conectando circuitos de placer que producen sentimientos de felicidad y apego. Por ello, en la mayoría de los casos, los lazos se estrechan cuanto más cerca se está físicamente del bebé.

La lactancia materna regala un beneficio extra a las madres. Cuando el bebé chupa, se desencadenan flujos de oxitocina, dopamina y prolactina en el cerebro. Estas hormonas hacen a la mujer sentirse amada, vinculada y satisfecha emocionalmente. Muchos de los sentimientos positivos que se obtienen por medio del acto sexual están suscitados, varias veces al día, por la satisfacción de las necesidades básicas del bebé. Este es un motivo más (junto a los de carácter físico, como los puntos, la cuarentena y otros) por el que tener sexo con la pareja se convierte en una actividad secundaria, en ocasiones, ni siquiera apetecida. Sin embargo, la lactancia tiene un efecto secundario: la falta de concentración mental. Las partes del cerebro que se ocupan de la precisión y la concentración se hacen cargo, también, de proteger y seguir al recién nacido durante los primeros seis meses. En este tiempo no debemos olvidar que el cerebro aún no ha vuelto a su tamaño normal y además se añade la falta de sueño.

Muchas madres sienten miedo, ansiedad, incluso pánico cuando se separan de sus bebés. Ahora se reconoce que se trata de un estado neuroquímico más que psicológico, quizá provocado por un declive en los niveles cerebrales de la oxitocina que regula el estrés y que, como ya se ha dicho, es activada continuamente por medio del contacto físico.

¿Y qué pasa con los hombres?

Ellos también experimentan cambios hormonales y cerebrales. En las semanas anteriores al parto, los padres tienen una subida en su nivel de prolactina, la hormona de la cría y la lactancia. El nivel de hormona del estrés se dobla, aumentando la sensibilidad y la alerta. En las primeras semanas posteriores al parto, la testosterona desciende un tercio mientras el nivel de estrógenos aumenta por encima de sus valores normales. Todos estos cambios tienen el propósito de que sus cerebros se vinculen emocionalmente con sus indefensos bebés.

Información extraída del libro El cerebro femenino, Louann Brizendine, Ed. RBA, 2007

Pon tu útero a bailar (la Danza del Vientre)

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La llamada danza del vientre, danza oriental o bellydance tal y como hoy la conocemos, fusiona muchos elementos. Su base son las danzas populares típicas de diversas regiones o zonas geográficas del mundo árabe. Pero lo que se baila hoy en día bajo este nombre es el estilo que se popularizó a partir de las antiguas películas de Hollywood, que fusiona elementos originales con movimientos más refinados cercanos al ballet. Incluso el vestuario, el empleo de tacones o el maquillaje son añadidos modernos. Se creó así un estilo más glamouroso y atractivo para el espectador europeo y norteamericano, con otras costumbres y gustos estéticos.
Pero si buscamos su origen, más allá del cariz dado por Occidente, no sabemos realmente de dónde procede ni cuándo surgió. Incluso su historia reciente es complicada de documentar, debido a los prejuicios de quienes escribieron sobre ella. Según algunos investigadores, sus raíces parecen estar relacionadas con rituales religiosos prehistóricos. En concreto, se trataría de ceremonias para propiciar la fertilidad. Para afirmar esto se basan en que es un baile que reproduce simbólicamente los movimientos de la concepción y el parto (movimientos bruscos de cadera, contracciones y ondulaciones abdominales…) Por ello, también es una danza apropiada para la mujer embarazada y una ayuda en el momento de parir, pues los movimientos ondulantes realizados con las caderas fortalecen el útero y la zona pélvica (lo que sujetará mejor al feto durante el embarazo) y enseñan a relajarlo entre contracción y contracción. En algunas tribus beduinas y bereberes, en el momento del parto, el resto de mujeres rodea a la parturienta y la acompañan danzando, compartiendo con ella los movimientos de su cuerpo.

Esta danza es una fuente de autoafirmación femenina que expresa como ninguna otra la esencia de ser mujer. Nos anima a celebrar nuestra belleza interior. Nos recuerda el placer de sentir el cuerpo en toda su extensión, en todas sus partes. Nos devuelve nuestra sensualidad innata, que perdemos o escondemos bajo capas de vergüenza, porque es una danza que realza nuestra feminidad sin convertirla en un objeto de deseo. Concede importantes beneficios físicos como la regulación de los ciclos menstruales, la renovación de la energía corporal y un conocimiento mayor del cuerpo y de los propios sentimientos. Facilita el desbloqueo de las tensiones, emociones y sentimientos reprimidos que se instalan en la estructura corporal, permite expresarlos y así libera y armoniza el cuerpo y la mente. En el ámbito psicológico, ocurren cambios sutiles. Ya que no requiere un cuerpo escultural ni un vientre plano, empiezas a aceptar y apreciar tu propio cuerpo, adquieres confianza en ti misma, descubres tu gracia, disfrutas de tu ser, olvidas tus problemas, descubres el aquí y el ahora mientras te dejas llevar por la música, intentando dibujarla con todo tu cuerpo. Experimentas una transformación total.
Al desbloquear la energía retenida debido a la tensión, se favorece el buen funcionamiento de los ovarios y el útero. Los movimientos del baile liberan la energía femenina, centrándose en su fuente: la pelvis y sus órganos internos. Pero no sólo eso. Los movimientos suaves y serpenteantes de los brazos conectan con el cielo, ofrecen y dirigen la energía de la Madre Tierra que penetra en el cuerpo de la mujer a través de los pies descalzos. El pecho se abre, ofreciendo espacio al corazón para recibir la energía universal del Amor. Las manos aletean, acariciando el aire en torno a tu cuerpo. Los hombros descansan, por fin, y se relajan con el movimiento…

En esta danza aún hay muchos más beneficios, tanto físicos como mentales. Pero por encima de todos, quiero destacar uno: te hace olvidarte del mundo, centrarte en ti misma y divertirte. Y eso, hoy, nos hace mucha falta.

Si a alguien le interesa profundizar en los beneficios de la Danza del Vientre en el embarazo, creo que aquí hay buena información:

http://lacted.com/bellydancingindex.html

Y aquí, un par de videos, para disfrutar