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Despertar como mujer

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 Este texto es un fragmento de una entrevista realizada al chamán Panchito. De padre español y madre mexicana, desciende de una estirpe de chamanes. Dirige el campamento “Sol y Luna” en un pueblo de Teruel.

¿Cuál es el verdadero PAPEL DE LA MUJER en los cambios que está atravesando la Humanidad?

Aquí has hecho una pregunta muy bonita: ¿cuál es el verdadero papel de la mujer en los cambios que está atravesando la Humanidad?

El papel más importante de la mujer es DESPERTAR COMO MUJER. No solo ser una copia. Despertar como mujer pero con la creatividad, la fuerza, el poder, la belleza, la voluntad y el empuje y el coraje que ella tiene. Que vuelva a recuperar su poder. Es lo más importante de todo: que no se deje reprimir nunca más.

La mujer es la Madre de toda la Humanidad. Si la mujer está dormida, el resto de sus hijos no puede despertar porque la educación que reciben de su madre es dormida.

Si la mujer se diese cuenta del poder tan grande que tiene con su propia energía creadora… es fertilidad y abundancia. Es prosperidad total. Es renovación cíclica para todo el planeta. Y la mujer y la base primordial de todo ello es que aprenda a ser una MADRE CÓSMICA, y para eso necesita una re-educación, una des-programación mental para poder, digámoslo así, recoger la educación que tiene en sus propios genes dentro.

¿Qué se consigue con eso? Liberar la niña, su niña interior. Liberar la mujer, la esposa, la madre y la Diosa. Y todo en la misma decisión, en el mismo camino, en la misma voluntad y el mismo precio.

El único problema es: ¿está dispuesta la mujer?. Los hombres estamos dispuestos a ayudar a la mujer porque la energía femenina también la trasportamos los hombres.

Si quieres leer la entrevista completa, acude a http://eldedoenlallaga.com/

Hombres. La nueva masculinidad

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Hasta hace relativamente poco tiempo, la sociedad ha tenido un marcado carácter patriarcal y andro-centrista.  Pero los roles y valores que nuestra cultura asignó hace siglos a hombres y mujeres ya no son válidos. Las mujeres hemos ido liberándonos de ataduras, buscando nuestro lugar en el mundo, no siempre con el mismo acierto, pero sin detenernos en nuestra propia búsqueda. Perdimos un poco el rumbo cuando quisimos demostrar que somos iguales que el hombre asumiendo sus características, tanto las positivas como las negativas. Empezamos a comportarnos como ellos y no nos dimos cuenta que estábamos cayendo en una trampa que nosotras mismas habíamos tejido. Porque para  ser como los hombres tuvimos que renunciar a nuestra feminidad. Incluso nos alegramos de tener una píldora que nos arrebata nuestra verdadera esencia: la menstruación. Y nos odiamos unos días al mes por ser mujeres, porque eso nos dificulta conseguir el estilo de vida y la productividad que un hombre puede cumplir al no sufrir esos cambios. En los últimos tiempos nos vamos dando cuenta del daño que nos hace eso: nos obliga a luchar contra nuestros cuerpos, nos envenena el alma y nos convierte en lo que no somos. Afortunadamente, cada vez está más clara y más extendida una visión más realista: somos MUJERES. Tenemos muchas cosas de las que enorgullecernos, mucho por lo que alegrarnos. Y debemos estar en pie de igualdad junto con el hombre, pero no en su sitio. El mundo lleva muchos siglos dirigido por fuerzas masculinas. No sigamos por ese camino. Debemos restablecer el equilibrio y aprender a integrar lo masculino y lo femenino para sanar, a nosotras, al hombre y al mundo.

¿Y qué ha pasado con ellos en todo este tiempo? El hombre ha temido el poder femenino y ha intentado aplastarlo desde tiempos inmemoriales, aunque reconozco que  peco de generalización, porque siempre han existido hombres maravillosos que han querido a la mujer tal y como es, aceptándola como su compañera y su igual. Todo eso está cambiando. Pero al igual que las mujeres hemos ido bandazos intentando encontrar nuestro camino y nos hemos metido en callejones sin salida porque teníamos que tantear por dónde tirar y cómo actuar para nuestra liberación, el hombre moderno se encuentra en una situación similar. Podemos hablar de una nueva masculinidad en la que el hombre necesita reencontrar sus valores auténticos, liberándose él también de los problemas que ha causado la polarización hacia lo masculino que hemos vivido de una forma tan exagerada durante demasiados siglos ya.

Las mujeres tuvieron (y seguimos teniendo) mucho trabajo que hacer, nuestra lucha aún no ha terminado. Pero el hombre  se encuentra ahora en un punto nuevo y desconocido para él, intentando adaptarse a la nueva realidad, y muchos de ellos sin saber cómo hacerlo. Los valores y actitudes en los que ha sido educado no son válidos ahora, pero tampoco se le ha dado una guía para “actualizarse”. A esto se añade el problema de que la mujer también se enfrenta a su componente interno masculino, al que acusa de todos sus males.

Hombres y mujeres hemos resultado dañados a lo largo de la historia, aunque nosotras nos hemos llevado la peor parte. Hagamos las paces y trabajemos juntos para lograr la plena integración y ser, simplemente, HUMANOS.