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Reivindicando a Eva

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Eva-Lilith

Desde hace un tiempo, Lilith se ha considerado el ejemplo de la mujer libre y liberada, empoderada, igual al hombre, que no permite que se pisoteen sus derechos como ser humano. Por contraposición, Eva siempre ha sido tratada como la perdición de la especie, la persona que introdujo el Pecado Original en el género humano y por cuya culpa todos nacemos condenados (hasta que se nos bautiza). Ejemplo de pecadora y de mujer sumisa.

Desde hace unos años, algunos movimientos feministas recuperaron la figura de Lilith de las leyendas judías y adoptaron su figura como modelo de mujer que se iguala al hombre y que prefiere estar sola antes que renunciar a su libertad y a su capacidad de decidir por sí misma. Entonces ¿en qué lugar queda Eva frente a esta interpretación?

Recordemos brevemente la historia de Lilith. Según las antiguas tradiciones judías, Lilith fue creada del barro igual que Adán. Hombre y mujer son creados como seres independientes y del mismo material. Adán quería hacer el amor con Lilith estando él encima de ella (postura del misionero o algo parecido) y ella se negaba porque le parecía ofensivo y quedar en una posición de sumisión respecto al hombre. Y él no cedía. Así que Lilith invoca a Dios, que no atiende sus peticiones. Por eso, ella abandona el Jardín del Edén, para no someterse y renunciar a sí misma. Adán se queja ante Dios del abandono de su mujer, y Éste envía unos ángeles a buscarla. Ella se niega a volver y es maldecida por la palabra divina (esta es la historia en resumen, si queréis saber más, podéis encontrar mucha información por Internet), convirtiéndose en un demonio devorador de niños inocentes.

Por contraposición, Eva es creada de una costilla de Adán, en teoría, para ser su igual, y se toma de un hueso de su costado para estar a su lado, no por encima ni por debajo. Es mi interpretación, pero para ser su igual ¿no debería ser creada con el mismo material con el que se creó a Adán? Al fin y al cabo, tomar una costilla del hombre para dar forma a la mujer es crearla a partir de algo ya existente, quedando en segundo plano.

En el Génesis también se nos cuenta la historia de la manzana y el pecado. Después de que Dios creara a Adán, le dijo, entre otras cosas, que podía comer de todo árbol existente, excepto de uno: el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y después de esto creó a Eva. Y entonces, apareció la astuta serpiente, que tentó a Eva, diciéndole que, lejos de morir por comer del fruto prohibido, se abrirían sus ojos al conocimiento.

Hombre y mujer vivían felizmente en el Paraíso, sin ser conscientes de nada, haciendo lo que querían sin tener ningún problema y sin sufrir ninguna consecuencia por nada. Felices como perdices, vaya. Pero sin saber, sin tener capacidad para tomar sus propias decisiones, sin moral alguna. Para desarrollar una moral es necesario tener un conocimiento de lo que está bien y mal y tomar decisiones acerca de ello. Y Adán y Eva vivían sin moral y sin poder de decisión. Como niños obedientes a los dictados de su padre, que sabe (o cree saber) qué es lo mejor para ellos.

Eva, al igual que Lilith, también desafió al hombre y desobedeció las leyes divinas. Escuchó a la serpiente y le gustó lo que oyó. No se comportó como una mujer sometida o sin criterio, que hace lo que le mandan. No. Escuchó, y aún sabiendo el castigo, decidió arriesgarse. Eva lo tuvo más difícil. No estaba al nivel del hombre, sino en un lugar secundario por nacimiento. Adán no cede a las peticiones de Lilith, pero sea como sea, Eva sí que consigue convencerle. Lilith luchó por su independencia, Eva, por obtener sabiduría. Lilith pudo elegir qué hacer con su vida. Eva, ni siquiera lo supo hasta que la serpiente se lo explicó, y entonces, hizo lo que estaba en su mano por cambiar.

“Por culpa” de Eva, las mujeres parimos nuestros hijos con dolor, y los hombres trabajan y se ganan el pan con el sudor de su frente. Existen las guerras y las enfermedades, porque el ser humano conoció el mal. Nos alcanzará la muerte (¿una vida eterna tumbada a la bartola sin nada mejor que hacer, así todos los días? Uf, no gracias). En palabras de Dios, “tu voluntad será la de tu marido y él se enseñoreará de ti (te dominará)” ¿Dios dando permiso, o mejor, órdenes, para que el hombre domine y someta a la mujer a su voluntad? De todas maneras, desgraciadamente, el hombre no necesita “permiso” para tratar así a las mujeres (el que lo hace).

“Gracias” a Eva, las mujeres sabemos lo que cuesta traer una vida al mundo, y ese dolor nos recuerda lo fuertes y poderosas que somos. Los hombres (y las mujeres, cómo no) nos ganamos el pan con sudor, y a veces ni lo conseguimos. Pero sabemos del valor del esfuerzo, del orgullo del trabajo bien hecho, la alegría de la recompensa, la capacidad de superación. Nos llegará la muerte algún día, lo que nos permite saborear la vida, y no verla pasar en una sucesión de días iguales y sin fin. Ante el hombre que nos pisotea, la voluntad que nos mantiene vivas, el amor a nuestros hijos, padres… Gracias a haber conocido el bien y el mal, también sabemos que hay hombres estupendos que nos quieren, protegen y ayudan, que mientras unos nos hacen sus víctimas, otros luchan con nosotras por sacarnos de ahí. Porque han conocido y han decidido.

Lilith encabeza la lucha femenina por la igualdad ante el hombre y por el empoderamiento de la mujer. Pero ella huyó cuando las cosas no le gustaron. Eva, en cambio, es la figura sutil que permanece en casa, en el trabajo, al lado de una pareja, sacando su casa adelante. Es la mujer que tal vez no se manifiesta, pero se la oye. Y acaba convenciendo a Adán. La que nos hace pensar qué estamos haciendo, nos ayuda a reflexionar y tomar nuestras decisiones. La que nos regaló la sabiduría, el conocimiento del bien y el mal, nos otorgó tener que buscar una moral. La que, siendo inferior al hombre, lo venció.

Pero se han encargado a lo largo de los siglos de vendernos a Eva como una mujer que se somete a cualquiera, obedece ¡a una serpiente rastrera! Y para una vez que toma una decisión por sí misma, se equivoca, comete un error tan garrafal que condena a toda la Humanidad. Por eso la mujer no puede pensar por sí misma, ni votar, ni trabajar, ni ir sola a ningún sitio…

Una historia que deja a la mujer en muy mal lugar y da razones al hombre para su comportamiento dominador durante tantos siglos, tratando a la mujer durante tantísimo tiempo como a una menor de edad sin capacidad ni autonomía para nada. Pero Eva demostró que ella (nosotras) no es así. Callada, en su lugar apartado, manteniendo su puesto, sobreviviendo. Apoyándose en la fuerza y la razón que sólo ella sabe que tiene. Aislada ante los demás, vilipendiada, culpable. Pero sin rendirse, aguantando y saliendo adelante. Sin grandes gritos, sin ruidos, sin manifestaciones, a veces cediendo. Pero al final del día, yendo a la cama con el corazón lleno de sí misma, cambiando el mundo grano a grano, con una simple sonrisa, mucho más despacio, pero con conquistas perdurables.

Lilith nos dice lo valiosas que somos, nos anima a luchar por lo que es nuestro, nos da su fuerza y su ejemplo. Aunque hay quien no puede luchar, porque “su marido se enseñoreará de ella”. Y ella agacha la cabeza, sonríe para sus adentros, y se levanta un día más a salir adelante por sí misma y por los suyos. Y Eva le recuerda que el conocimiento y la decisión final están en su interior. Que escuche a la serpiente que le cuenta que hay otro mundo fuera de su mal llamado paraíso.

Lilith campea por el mundo. Pero aún hay muchas más Evas. Las necesitamos, para recordarnos que hay otra manera de hacer las cosas. Gracias a todas las mujeres que me precedieron en la lucha por nuestros derechos y que fueron impulsadas por el espíritu de Lilith.

Pero desde aquí, quiero dar un agradecimiento mucho más profundo a todas las mujeres que cambiaron el mundo desde un rincón, como Eva, la pecadora, la impura. La que no huyó ni se martirizó como una virgen. La mujer real, del día a día. Yo. ¿Tú?

Aportad vuestras experiencias sobre la menopausia

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Uno de los síntomas más típicos de la menopausia son los sofocos. Los médicos dan una descripción que no siempre corresponde con la realidad. El blog “lanostramenopausa” (nuestra menopausia) recoge testimonios sobre este síntoma para realizar un perfil más detallado que el médico. Si quieres colaborar aportando tu experiencia, visita el blog. Y si no has llegado a esta etapa, pero conoces a alguien, coméntaselo. Estos trabajos buscan ser útiles para nosotras. COLABOREMOS.

Este es el enlace

http://www.lanostramenopausa.blogspot.com.es

Desafío a la vejez (Gioconda Belli)

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Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.
Gioconda Belli

La madre de los niños del Holocausto. Irena Sendler

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Sendler nació el 15 de febrero de 1910 en Otwock, al sur de Varsovia, adonde se trasladó con su familia. Era hija única. A los siete años vio morir a su padre, médico, de tifus. Se había contagiado empeñado en atender a los pobres, los más afectados por la epidemia, muchos de ellos judíos. “Aunque no sepas nadar, si ves a alguien que se ahoga, lánzate a salvarlo”, le dijo poco antes de morir. Así, aprendió que lo más importante es el amor y la compasión por el ser humano, sin distinciones. En sus propias palabras, «la razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.»

Cuando Alemania invadió  Polonia en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, que llevaba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia e Irene, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. Ella misma cuenta: “Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto.”

Cuando Irena caminaba por las calles del gueto, llevaba un brazalete con la Estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito. Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran a sus hijos y ellos le preguntaban: “¿Puedes prometerme que mi niño vivirá?”. ¿Qué se podía prometer cuándo ni siquiera se sabía si lograrían salir del gueto? Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él. Las madres y las abuelas eran muy reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para todos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del gueto en el verano del 42, consiguió rescatar a más de 2.500 niños por distintos caminos: ella y sus colaboradoras (casi todas eran mujeres) sacaban a los niños, a veces de meses, escondidos en sacos, en cajas, bajo la camilla de las ambulancias, hasta en ataúdes. Los mayores salían por las alcantarillas, por agujeros en los muros o aprovechando una iglesia que quedaba mitad en el gueto y mitad en la “zona aria”. Les enseñaba unas plegarias católicas, y entraban por una puerta como niños judíos, y salían por la principal como chavales católicos.

Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le alcanzaba con mantener con vida a esos pequeños. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.

Los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la infame prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja encontró una estampita ajada de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en vos confío”, la conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II.

Aunque era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos, soportó la tortura y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Le quebraron los pies y las piernas. Pero nadie pudo quebrar su voluntad. Fue sentenciada a muerte. Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un “interrogatorio adicional”. Al salir, le gritó en polaco “¡Corra!” Al día siguiente halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Los miembros de Zegota habían logrado detener la ejecución sobornando a los alemanes. Irena continuó trabajando con una identidad falsa.

En 1944, durante el Levantamiento de Varsovia, colocó sus listas en dos frascos de vidrio y los enterró en el jardín de su vecina para asegurarse que de llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, Irena misma los desenterró y le entregó las notas al Doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Lamentablemente la mayor parte de las familias de los niños había muerto en los campos de concentración nazis. En un principio los chicos que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos y poco a poco se los envió a Palestina.

Los niños sólo conocían a Irena sólo por su nombre clave “Jolanta”. Pero años más tarde cuando su foto salió en un periódico tras ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, un hombre, un pintor, la llamó por teléfono y le dijo: “Recuerdo su cara. Usted es quien me sacó del gueto.” Y así comenzó a recibir muchas llamadas y reconocimientos.

En 1965 la organización Yad Vashem en Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las Naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel. El comunismo silenció su labor porque, además de antinazi, también era anticomunista. Pero en noviembre de 2003 el Presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Órden del Águila Blanca.

Murió el  12 de mayo de 2008, después de haber sido propuesta para el Premio Nobel de la Paz, galardón que finalmento obtuvo Al Gore. Se rodó una película sobre su vida “Los niños de Irena Sendler”, también titulada como “El corazón valiente de Irena Sendler”.  El guión está basado en el libro de Anna Mieszkovskoy “Madre de los niños del Holocausto – la historia de Irena Sendler” .

Siempre renunció a verse como una heroína, y se sentía mal por ser la última superviviente de los pocos católicos polacos que ayudaron a los judíos en la invasión nazi: “Merecían los homenajes tanto o más que yo”.